<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><!-- generator="FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)" --><rss version="0.91">    <channel>        <title>mis historias, cuentos y leyendas sobre el camino</title>        <description><![CDATA[Aqui pondré curiosidades, cuentos, leyendas, historias  sobre el camino de Santiago y cosas simpaticas que me encuentre y me parezca digno de compartir. ademas de regalos y premios que me han hecho]]></description>        <link>http://quesoyo.blogcindario.com/</link>        <lastBuildDate>Mon, 23 Nov 2009 22:40:17 +0100</lastBuildDate>        <generator>FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)</generator>        <item>            <title>Leyendas. Capitel (Estella)</title>            <link>http://quesoyo.blogcindario.com/2009/08/00052-leyendas-capitel-estella.html</link>            <description><![CDATA[<div><div></div></div><div><div>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <img border="0" height="258" src="http://fotos.miarroba.com/fotos/e/7/e7b1a2c8.jpg" width="384" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<div><div><a href="http://fotologs.miarroba.com/admin.php?opt=photo_archive&amp;day=11&amp;month=11&amp;year=2008#photo391" rel="nofollow" title="Editar las fotos y v&iacute;deos de este d&iacute;a"></a></div></div><div><strong><span style="color: #0000ff;"><span style="font-size: x-small;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span></span></strong><span style="font-size: x-small;"><strong><span style="color: #0000ff;">Capitel del Palacio de los Reyes. Estella<br /></span></strong>Si por una afortunada casualidad, pasan por delante del Palacio de los Reyes de Estella, ejemplar &uacute;nico de palacio rom&aacute;nico, podr&aacute;n observar esculpida en uno de los capiteles que adornan su fachada, la Leyenda de Rold&aacute;n y Ferragut, que a continuaci&oacute;n les voy a contar:<br /><br />En aquel tiempo en que Carlomagno, rey de los francos, viv&iacute;a el esplendor de su imperio rodeado por la aureola heroica de sus doce pares, ocurri&oacute; que un gigante musulm&aacute;n de origen sirio, descendiente de la estirpe de Goliat, os&oacute; desafiar a cada uno de los doce soldados. <br /><br />Primero venci&oacute; al gran Ogier, a Reginaldo de Montalb&aacute;n despu&eacute;s, y as&iacute;, uno a uno, hasta que s&oacute;lo qued&oacute; el valeroso Rold&aacute;n. Y aunque el emperador no hab&iacute;a querido arriesgarlo en tal empresa, &eacute;ste acudi&oacute; al desaf&iacute;o, que tradicionalmente se celebraba en la ciudad de N&aacute;jera. <br /><br />Seg&uacute;n contaban las malas lenguas, parec&iacute;a que Rold&aacute;n pudiera ser sobrino, o tal vez hijo de los amores incestuosos de Carlomagno y su hermana? <br /><br />Los combates de Rold&aacute;n y Ferragut fueron terribles, pero tan equilibrados que, finalmente, hubo de decretarse una tregua al no producirse ning&uacute;n claro vencedor. Durante la tregua, el palad&iacute;n cristiano y el campe&oacute;n islamita intimaron, y Ferragut, ingenuo y confiado, confes&oacute; a su nuevo amigo el secreto de su poder: s&oacute;lo un punto de su cuerpo era vulnerable, el ombligo. <br /><br />Al d&iacute;a siguiente durante la comida, Rold&aacute;n provoc&oacute; una discusi&oacute;n sobre la verdad y el error de sus dos religiones, entonces enemigas declaradas, que subi&oacute; de tono hasta tal punto que ambos decidieron resolverlo con una ordal&iacute;a, es decir, un juicio de Dios en el palenque. <br /><br />Como no pod&iacute;a ser de otra manera, en el primer encuentro del combate Rold&aacute;n hundi&oacute; la punta de su lanza en el punto d&eacute;bil que el propio gigante le hab&iacute;a revelado, el ombligo. Y fue as&iacute; como el fiero y c&aacute;ndido Ferragut cay&oacute; herido de muerte. <br /><br />Desde entonces hasta ahora, muchos varones de N&aacute;jera han sido bautizados con el met&aacute;lico nombre.</span></div></div></div>]]></description>            <pubDate>Tue, 25 Aug 2009 06:05:28 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Logroņo, La rioja</title>            <link>http://quesoyo.blogcindario.com/2009/08/00051-logrono-la-rioja.html</link>            <description><![CDATA[<span style="font-size: x-small;"><span style="color: #0000ff;"><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<img border="0" height="286" src="http://fotos.miarroba.com/fotos/c/b/cb9a395e.jpg" width="395" /><br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Milagro - El romero de Santiago</strong></span><br /><br />Un fraile de su casa Giraldo era llamado, antes que fuese monje no era muy ense&ntilde;ado, de vez en vez hac&iacute;a locuras y pecado como hombre soltero que vive sin cuidado.<br /><br />V&iacute;nole al coraz&oacute;n, tal como estaba, un d&iacute;a, al ap&oacute;stol de Espa&ntilde;a irse de romer&iacute;a; dispuso sus asuntos, busc&oacute; su compa&ntilde;&iacute;a, y ajustaron el t&eacute;rmino que tomar&iacute;an su v&iacute;a.<br /><br />Cuando iban a salir, hizo una enemiga: no guard&oacute; penitencia, como la ley obliga, en vez de hacer vigilia se acost&oacute; con su amiga y metiese en camino con esta mala ortiga.<br /><br />El enemigo antiguo siempre fue gran traidor, y es de toda enemiga maestro sabedor; a las veces semeja un &aacute;ngel del Criador y es en vez diablo fino de mal sonsacador.<br /><br />El falso transformase en &aacute;ngel verdadero, par&oacute; sele delante en medio de un sendero: &laquo;Seas el bienvenido -le dijo a este romero-; me pareces de veras simple como un cordero.<br /><br />Saliste de tu casa por venir a la m&iacute;a, cuando salir quisiste hiciste una folia: piensas sin penitencia cumplir tal romer&iacute;a; no te agradecer&aacute; esto Santa Mar&iacute;a.&raquo;<br /><br />&iquest;Y qui&eacute;n sois vos, se&ntilde;or?&raquo; preg&uacute;ntale el romero Respondi&oacute;le: &laquo;Santiago, hijo de Zebedeo. S&aacute;belo bien, amigo, andas en devaneo; parece que no tienes de salvarte deseo.&raquo;<br /><br />Dijo entonces Giraldo: &laquo; Se&ntilde;or, &iquest;qu&eacute; me mand&aacute;is? Yo quiero cumplir todo aquello que dig&aacute;is, porque veo que hice grandes iniquidades, que no tom&eacute; el castigo que dicen los abades.&raquo;<br /><br />Dijo el falso Santiago: &laquo;&Eacute;ste es el juicio: que te cortes los miembros que hacen el forneci&oacute;; as&iacute; que te deg&uuml;elles har&aacute;s a Dios servicio, que de tu carne misma le har&aacute;s t&uacute; sacrificio.&raquo;<br /><br />Crey&oacute; lo el infeliz, loco desaconsejado: sac&oacute; su cuchillejo que ten&iacute;a amolado, cort&oacute; sus genitales el mal aventurado, as&iacute; se degoll&oacute;, muri&oacute; descomulgado.<br /><br />El que le dio el consejo con sus atenedores, los grandes y los chicos, menudos y mayores, a su alma trabaron esos falsos traidores, y llev&aacute;banla al fuego, a los malos sudores.<br /><br /></span><span style="font-size: x-small;">Y mientras la llevaban, no de buena manera, Santiago los vio, suyo el romero era, sali&oacute;les a gran prisa por aquella carrera, se les par&oacute; delante por la faz delantera.<br /><br />&laquo;Dejad -dijo-, malillos, la presa que llev&aacute;is, porque no os pertenece tanto como pens&aacute;is; tratadla con cuidado y fuerza no le hag&aacute;is, que no podr&eacute;is con ella, aunque bien lo quer&aacute;is.&raquo;<br /><br />Os emplazo ante el juicio de la Virgo Mar&iacute;a, ante ella me clamo en esta pleites&iacute;a. Yo de otra manera no os abandonar&iacute;a, pues veo que tra&eacute;is muy gran alevos&iacute;a.&raquo;<br /><br />Dijo Ella: &laquo;Yo esto mando y doylo por sentencia: el alma por la cual sosten&eacute;is la pendencia ha de volver al cuerpo y hacer su penitencia; luego como merezca recibir&aacute; la audiencia.&raquo;<br /><br />Levant&oacute;se el cuerpo que yac&iacute;a trastornado, limpi&aacute;base la cara Giraldo el degollado: estuvose un momento medio desconcertado, como el hombre que duerme y despierta enojado.<br /><br />De todo lo otro estaba bien sano y mejorado, fuera de un hilito que ten&iacute;a atravesado; mas lo de la natura, cuanto que fue cortado, no le volvi&oacute; a crecer, y qued&oacute; en ese estado<br /><br />Rindi&oacute; gracias a Dios y a su madre Mar&iacute;a, y al ap&oacute;stol tan santo do va la romer&iacute;a; se apresur&oacute; a marchar, se uni&oacute; a su compa&ntilde;&iacute;a, ten&iacute;an con el milagro su solaz cada d&iacute;a.<br /><br />Don Hugo, hombre bueno, que era de Cluny abad, var&oacute;n muy religioso y de gran santidad, contaba este milagro que aconteci&oacute; en verdad; poni&eacute;ndolo en escrito hizo gran honestad.<br /><br />Giraldo fin&oacute; en la orden, vida muy buena haciendo, con dichos y con hechos a su Criador sirviendo, en bien perseverando, del mal arrepintiendo; el enemigo malo de &eacute;l no se fue riendo.<br /><br /><span style="color: #0000ff;"><strong>A Peticion de NITRAt<br /></strong>El poeta espa&ntilde;ol medieval Gonzalo de Berceo, autor de los Milagros de Nuestra Se&ntilde;ora, y est&aacute; centrado b&aacute;sicamente en la configuraci&oacute;n del hombre peregrino en uno de los textos de este fraile poeta. Primeramente, el art&iacute;culo hace una reflexi&oacute;n en torno al motivo del peregrinaje y su significaci&oacute;n en la cultura cristiana.</span></span>]]></description>            <pubDate>Tue, 25 Aug 2009 05:27:47 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Liebre y Tortuga</title>            <link>http://quesoyo.blogcindario.com/2009/08/00050-liebre-y-tortuga.html</link>            <description><![CDATA[<p><span style="font-size: x-small;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;<img border="0" height="340" src="http://fotos.miarroba.com/fotos/4/0/40602889.jpg" width="391" /> <br /><br />Don Higinio Tortuga era un hombre reposado de orondas carnes, afable sesenta&ntilde;ero encari&ntilde;ado con la vida, con sus hijos, con sus nietos y con el Camino de Santiago. <br />El bueno de Don Higinio, viudo y jubilata, "invert&iacute;a" sus ahorrillos y el parn&eacute; de la pensi&oacute;n en hacer tramos del Camino, siempre y cuando alguna de sus nueras no le requiriese para cuidar de alguno de sus nietos. <br />Don Higinio el peregrino se las sab&iacute;a todas: escaso peso en la mochila, atenci&oacute;n meticulosa a los pies, tiempo bonancible de primavera u oto&ntilde;o y talante de andar&iacute;n sin prisas con esp&iacute;ritu jacobeo a tope. </span></p><p><span style="font-size: x-small;">Graciano Liebre era un joven de esos llamados "de gimnasio". Su culto al "body", impregnado del af&aacute;n obsesivo por mostrarse herc&uacute;leo y megacachas ante la basca voyeurista de playas y piscinas, con preferencia del g&eacute;nero femenino m&aacute;s parishiltoniano, le hac&iacute;a competir en todo tipo de deportes, brillando como un pavo real ante la concurrencia del zool&oacute;gico. <br />Ahora, enterado de que el Camino de Santiago podr&iacute;a ser una excelente oportunidad para probar sus dotes de corricolari, aqu&iacute; estaba, dispuesto a demostrar su supremac&iacute;a ante los cansinos caminantes. <br />Mochila cara con treinta y pico kilos de carga superflua, zapatillas deportivas de marca, pod&oacute;metro, cron&oacute;metro, gps, reloj acu&aacute;tico, esprimidora el&eacute;ctrica... Y, para ser el primer d&iacute;a, se hab&iacute;a propuesto hacer cuarenta kil&oacute;metros como quien no quiere la cosa. &iexcl;Se iban a enterar esos tontolabas de peregrinos de qui&eacute;n era el gran Liebre! </span></p><p><span style="font-size: x-small;">El se&ntilde;or Tortuga vio acercarse a aquella moto humana mientras buscaba acomodo a la orilla del camino para despachar un trozito de queso y darle un buen tiento al vinillo de la bota. En su larga andadura de peregrino hab&iacute;a conocido a muchos capullos voladores como aquel. Repar&oacute; con una sonrisa condescendiente en la abultada mochila que sobresal&iacute;a como el volquete de un cami&oacute;n sobre la cabeza tractora. La cabeza de chorlito estaba casi cubierta por unas gafas de ultim&iacute;sima generaci&oacute;n aerodin&aacute;mica y una gorra con la publicidad del gimnasio. "Otro que va a cascar, ya lo estoy viendo venir", d&iacute;jose para sus adentros el venerable Tortuga elevando el gaznate para facilitar al chorrillo de vino el camino hacia la cocina del est&oacute;mago, y mirando de reojo al b&oacute;lido descerebrado que ya se aproximaba. </span></p><p><span style="font-size: x-small;">"&iexcl;Buenos d&iacute;as, abuelo!... &iexcl;Qu&eacute;, est&aacute; muy cansado, &iquest;verdad?!... No me paro porque tengo que hacer veinte kil&oacute;metros todav&iacute;a; ya hecho otros veinte, &iquest;sabe?... Uy, he adelantado a un mont&oacute;n de gente; me da a mi que no vienen muy preparados. Es que yo entreno mucho en el gimnasio, &iquest;sabe?... &iexcl;Jo, lleva usted un bastoncito!... Eso est&aacute; bien. Usted despacito, despacito..., que a su edad no hay que hacer tonter&iacute;as" <br />Y dicho lo dicho, desapareci&oacute; el intr&eacute;pido Liebre. Al viejo peregrino no le dio tiempo ni de decirle "Buen Camino". Le peg&oacute; otro viaje a la ZZZ, se aplic&oacute; un poco de crema antiinflamatoria en las pantorrillas, alz&oacute; el culo de la piedra de superficie lisa en donde lo hab&iacute;a puesto a reposar y recogi&oacute; el bord&oacute;n que descansaba sobre el tronco del &aacute;rbol, el mismo que le hab&iacute;a obsequiado con su sombra. "&iexcl;Hale hop!, &iexcl;vamos all&aacute;!..." Autoinfundi&eacute;ndose &aacute;nimos retom&oacute; el camino polvoriento, &iexcl;el Camino!, &iexcl;el Camino de caminos!... Un pensamiento m&aacute;s humano rond&oacute; por su mag&iacute;n: "El bastoncito... &iexcl;ser&aacute; gilipollas!" </span></p><p><span style="font-size: x-small;">Don Higinio, despu&eacute;s de ducharse y lavar calmosamente la ropa interior, sali&oacute; a tomar el fresco a la puerta del albergue. Durante el d&iacute;a el Sol hab&iacute;a estado especialmente ofensivo, cuarenta grados insoportables, y ahora, en el momento del relax peregrino, se agradec&iacute;a este fresquete de la tarde. El Camino tambi&eacute;n ense&ntilde;a a agradecer. <br />Uni&oacute;sele su viejo amigo Luciano el hospitalero, que llevaba el tamp&oacute;n de sellar en una mano y una cerveza en la otra. <br />- As&iacute;, si viene alguno, no me levanto. Oye, &iquest;viste la ambulancia? <br />- S&iacute;, s&iacute; que la vi. Por esa zona lo tienen muy jodido los veh&iacute;culos, hay un camino de rodadas hasta el final del encinar, pero luego todo es sendero y pedruscos gordos. <br />- Ya, por eso ha tardado tanto. <br />- &iquest;Qu&eacute; ha sido esta vez? <br />- Pues esta vez ha sido una tendinitis y una insolaci&oacute;n del cop&oacute;n. Le han encontrado medio quemado al sol y sin poder levantarse del suelo, como una ballena encallada. No ten&iacute;a fuerzas ni para quitarse la mochila. <br />- Pues yo tuve un encuentro con &eacute;l, &iquest;y sabes lo que pens&eacute;?: &iexcl;otro que va a cascar! <br />- Un gilipollas m&aacute;s. &iexcl;Joder, &iquest;porqu&eacute; se toman el Camino como una competici&oacute;n?!; &iquest;Es que nadie les dice que el Camino de Santiago hay que saborearlo paso a paso, trago a trago, sue&ntilde;o a sue&ntilde;o...? <br />- Posiblemente lo oyen pero no lo asimilan. <br />- Debe ser eso. &iquest;Quieres una birra, Higinio? <br />- &iexcl;Venga el isot&oacute;nico!<br /><br /></span></p>]]></description>            <pubDate>Sat, 15 Aug 2009 03:06:19 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>El Castillo de Pambres</title>            <link>http://quesoyo.blogcindario.com/2009/08/00049-el-castillo-de-pambres.html</link>            <description><![CDATA[<p><span style="font-size: x-small;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<img border="0" height="355" src="http://fotos.miarroba.com/fotos/d/6/d60adcf0.jpg" width="441" /><br /><br />El castillo hace muchos siglos estaba habitado por un poderoso y devoto se&ntilde;or, padre de dos bell&iacute;simas doncellas. El castellano hab&iacute;a tomado por costumbre alojar en el castillo a los nobles que pasaban por all&iacute; siguiendo el camino peregrino, a los que agasajaba para hacerles m&aacute;s llevadero lo que les quedaba de ruta para alcanzar Compostela. Y en una ocasi&oacute;n, recogi&oacute;, casi moribundo, a un aristocr&aacute;tico caballero franc&eacute;s que hab&iacute;a enfermado en las &uacute;ltimas etapas y se encontraba muy grave </span></p><p><span style="font-size: x-small;">Las dos hijas del se&ntilde;or del castillo se entregaron a los cuidados del enfermo, que era joven y apuesto, y las dos se sintieron muy pronto prendadas de su porte y de su nobleza, aunque ninguna de ellas, conocedora cada una de los sentimientos de su hermana, quiso insinuarse al enfermo </span></p><p><span style="font-size: x-small;">Cuando el caballero entr&oacute; en la fase de convalecencia de su enfermedad, se fij&oacute; especialmente en una de las muchachas, mientras la otra se retiraba prudentemente para dejar el campo libre a su hermana. As&iacute; surgi&oacute; el amor entre ambos y, antes de dejar el castillo, el caballero pidi&oacute; su mano al padre, que se la concedi&oacute; gustoso. Las bodas se celebraron en la catedral de Compostela, y ya marido y mujer, ambos regresaron a Francia para instalarse en las posesiones del noble se&ntilde;or. </span></p><p><span style="font-size: x-small;">La otra hermana quedo sola, pero nunca perdi&oacute; la esperanza de que su amor apareciera alg&uacute;n d&iacute;a siguiendo la senda de los peregrinos. Pasaba el tiempo sin moverse de la torre que hab&iacute;a tomado como vig&iacute;a de su esperanza, transcurrido el tiempo, un d&iacute;a la encontraron muerta y fr&iacute;a, con la mirada clavada en el horizonte caminero</span></p>]]></description>            <pubDate>Sat, 15 Aug 2009 02:47:05 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Leyenda, La rueda y el peregrino</title>            <link>http://quesoyo.blogcindario.com/2009/08/00048-leyenda-la-rueda-y-el-peregrino.html</link>            <description><![CDATA[<p><strong><span style="color: #0000ff;"><span style="font-size: x-small;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; <img border="0" height="412" src="http://fotos.miarroba.com/fotos/d/0/d0308027.jpg" width="409" /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Santo Domingo de La Calzada</span></span></strong></p><p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;<span style="font-size: x-small;">&nbsp;&nbsp; Camina y camina, rueda que te rueda, marcha un peregrino hacia Compostela. A Santo Domingo lleg&oacute; una ma&ntilde;ana; durmi&oacute; junto al r&iacute;o: lo arrullaba el agua...<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; Numerosos caminantes estiman a Santo Domingo de la Calzada como la ciudad m&aacute;s singular del Camino antes de alcanzar Santiago. Por el santo ingeniero y... por su cofrad&iacute;a, la que atiende el albergue.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hace unos a&ntilde;os, durante los Sanmateos, entr&eacute; en ganas de hacer el Camino Franc&eacute;s de La Rioja. Por franc&eacute;s debi&oacute; de tomarme, a la altura de Ventosa, un anciano que viajaba en un remolquillo porque a mi saludo de "&iexcl;Buenos d&iacute;as!" respondi&oacute; con un "&iexcl;Buen viaje, mesi&uacute;!", vocablo este &uacute;ltimo con el que nuestros mayores imitan la pronunciaci&oacute;n de "monsieur".<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dorm&iacute; en Azofra. El alba se alargaba por su calle Real cuando beb&iacute; agua en la fuente de la plaza y me un&iacute; a Pedro, un m&eacute;dico de Ir&uacute;n que avanzaba hacia Santiago. Subimos a buen paso hasta Ciri&ntilde;uela. En medio de la ma&ntilde;ana, patatera y casi vendimiadora, resplandec&iacute;a Santo Domingo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iexcl;Qu&eacute; valle tan bonito! -murmur&oacute; el joven galeno. -Es verdad.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Te dir&eacute; m&aacute;s. Acabo de llegar de Kenia y no he visto un paisaje tan hermoso.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; En este bello valle tuvo lugar el milagro de la rueda, recordado a&ntilde;o tras a&ntilde;o en La Calzada. La rueda es protagonista de una procesi&oacute;n el mismo d&iacute;a en que han desfilado las Doncellas.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunos investigadores hilan fino y apuntan a que este objeto es reliquia de un culto precristiano. Los gruesos hachones de cera que la iluminan, las ramas y frutos que la coronan, su asunci&oacute;n hacia lo alto de la nave la identifican con un sol pleno de fertilidades y bienan danzas.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo cierto es que el culto a la rueda se agrega a la figura de Santo Domingo desde siglos remotos. Cuentan que hab&iacute;a fallecido San Gregorio Ostiense, el de la R&uacute;a Vieja de mi tierra, que es Logro&ntilde;o, y hab&iacute;an concluido las obras del puente para salvar el ancho Oja, ese que por donde pasa moja.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Domingo emprendi&oacute; luego las obras del hospital y de una iglesia, erigida en terrenos que m&aacute;s tarde ha ocu pado la catedral. Le ayudaba en estas tareas un tal Juan de Ortega, su disc&iacute;pulo m&aacute;s aventajado. La Calzada, en suma, herv&iacute;a en obras.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una ma&ntilde;ana arrib&oacute; un viajero por el camino orien tal; comi&oacute; en el hospital su raci&oacute;n de legumbre, vaca, pan y vino; pase&oacute; curiosamente la incipiente localidad. Ven&iacute;a el caminante de tierras lejanas. Por eso de que el mundo ha sido siempre un pa&ntilde;uelo, Bernardo -as&iacute; se llamaba nuestro hombre- se top&oacute; con un paisano en el Barrio Viejo.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iexcl;Alfonso!<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iexcl;Bernardo!<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;C&oacute;mo t&uacute; por aqu&iacute;?<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Llevo ya quince a&ntilde;os de mercenario en las mesnadas de los reyes de Castilla. &iquest;Vienes directamente desde Colonia?<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -S&iacute;.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;C&oacute;mo est&aacute; mi madre?<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Muri&oacute;. Dios se la llev&oacute; hace unos seis a&ntilde;os. Siempre que retornaban los jacobeos, les preguntaba por ti.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bernardo observ&oacute; c&oacute;mo la mano del guerrero apre taba, conmovida, el pu&ntilde;o de la espada.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Qu&eacute; vas a hacer? &iquest;Vas a continuar hacia Compostela? Te lo digo porque ma&ntilde;ana sale mi mesna da hacia Burgos y te conviene unirte a nosotros. Los pr&oacute;ximos Montes de Oca tienen mala fama entre los peregrinos.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Creo que voy a permanecer unas jornadas aqu&iacute; para colaborar en la construcci&oacute;n de la iglesia de Santa Mar&iacute;a.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute; fue. El peregrino pasaba los d&iacute;as entre macetas y sillares, entre muros y punteros. En una ocasi&oacute;n dijo al oficial:<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Quisiera tener mi propia marca de cantero.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;y cu&aacute;l va a ser? -le pregunt&oacute; Domingo, que supervisaba las obras.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Una flor; una flor que crece en los campos de mi Colonia natal.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Muy bien, Bernardo; bueno es acordarse de la tierra donde uno ha nacido.</span></p><p><span style="font-size: x-small;"><span style="color: #0000ff;"><br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<img border="0" height="303" src="http://fotos.miarroba.com/fotos/5/4/549c4536.jpg" width="444" /><br />Catedral de Sto.Domingo de la Calzada<br /><span style="color: #000000;">Aquel s&aacute;bado por la tarde, el trabajador de la piedra fue a pasear por las riberas del Oja. Estaba cansado y se qued&oacute; profundamente dormido a la vera del puente. <br />El oficial Juan de Ortega ven&iacute;a con otro operario por el camino de Gra&ntilde;&oacute;n a cargo de una carreta cargada de piedra sin devastar. De repente, sin saber por qu&eacute;, los novillos que tiraban d&eacute; ella se apretaron a correr y el carromato qued&oacute; a merced de sus instintos. Una de las ruedas, una de las pesad&iacute;simas ruedas, rod&oacute; ahondando el pecho del dormido. Juan lleg&oacute; jadeante:<br />-&iexcl;R&aacute;pidos, llamad al m&eacute;dico!<br />Pero el facultativo diagnostic&oacute;:<br />-No podemos hacer nada por salvarlo; la rueda lo ha reventado.<br />El cuerpo fue cubierto con una manta. El de Ortega avis&oacute;:<br />-No lo mov&aacute;is hasta que yo vuelva.<br />El encargado vol&oacute; por la r&uacute;a para avisara Domingo. -Ha muerto el cantero.<br />-&iquest;Qui&eacute;n? -levant&oacute; la cabeza aquel gran organizador, que estudiaba la soluci&oacute;n de una b&oacute;veda.<br />-Bernardo, el peregrino.<br />Y dicen sus bi&oacute;grafos que Domingo llor&oacute;. Y a&ntilde;aden que no era por los problemas que ello pudiera acarrearle sino porque se trataba de un jacobeo, uno de estos a quienes amaba tanto. Y escriben que se encerr&oacute; a rezar en la Virgen de la plaza.<br />Luego enfll&oacute; hacia el puente, seguido de Juan y otros pedreros. Llegado al arco primero, habl&oacute; con voz sobe rana. Un azor dej&oacute; de aletear y un banco de peces qued&oacute; inm&oacute;vil, en esperanza de lo prodigioso.<br />-En el nombre de Dios Todopoderoso, Salvador de todos los humanos, te ordeno que vuelvas a la vida.<br />Las ondulaciones de la manta comenzaron a animarse; el cantero destap&oacute; su rostro; Domingo le ayud&oacute; a levantarse.<br />Quiero tener mi propia marca de cantero. -&iquest;y cu&aacute;l va a ser?<br />-Una rueda; una rueda que marcha por los caminos de La Calzada.<br />-Muy bien, Bernardo; bueno es acordarse de los favores recibidos. &iquest;Cu&aacute;ndo te vas?<br />-No me voy. No me ir&eacute; hasta que, juntos, concluyamos Santa Mar&iacute;a.<br />Por fiestas, el d&iacute;a anterior a la salida del Santo, los calceatenses pasean -devotos, emocionados, orgullosos- la rueda. La miman, la orlan, la bailan, la adoran. Hasta le rinde pleites&iacute;a la bandera de la ciudad.<br />El peregrino y la rueda figuran en el lateral derecho del sepulcro de Santo Domingo, dentro de la catedral; tambi&eacute;n en unas pinturas localizadas en el trascoro. La rueda se halla colgada all&aacute; arriba, entre la capilla del pont&iacute;fice -hacedor de puentes- y el celeb&eacute;rrimo galli nero.<br />Camina y camina, rueda que te rueda, en Santo Domingo est&aacute; Compostela; en Santo Domingo, el de La Calzada, donde la gallina cant&oacute; estando asada... <br /><br /><strong><span style="color: #0000ff;">F&eacute;lix Cari&ntilde;anos ha novelado esta bella leyenda calceatense.</span></strong></span><br /></span></span></p>]]></description>            <pubDate>Fri, 14 Aug 2009 23:44:33 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Leyenda del Puente de Zubiri</title>            <link>http://quesoyo.blogcindario.com/2009/08/00047-leyenda-del-puente-de-zubiri.html</link>            <description><![CDATA[<p><span style="font-size: x-small;"><span style="color: #0000ff;"><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<img border="0" height="325" src="http://fotos.miarroba.com/fotos/6/6/669992c1.jpg" width="429" /><br />Leyenda del Puente de Zubiri</strong><br /></span>All&aacute; por el siglo XI, en la aldea de Zubiri, que atraviesa el Camino de Santiago en su descenso de Roncesvalles, todos los lugare&ntilde;os trabaj&aacute;ban incansables con la ilusi&oacute;n de levantar un hermoso puente de piedra sobre el r&iacute;o Arga, que facilitara el paso a los peregrinos. Sin embargo, parec&iacute;a que un extra&ntilde;a malidi&oacute;n imped&iacute;a que concluy&eacute;ran aquella obra.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Extra&ntilde;ados por la dificultad de levantar el pilar central se vieron obligados a excavar en la roca que ten&iacute;a que soportarlo. Para su sorpresa, encontraron los restos perfumados de una joven. Era nada menos que el cad&aacute;ver de Santa Quiteria, protectora de la rabia.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Puestos sobre una mula y acompa&ntilde;ados del festivo cortejo episcopal, los restos santos se encaminaron en procesi&oacute;n hacia la catedral del reino a Pamplona. Al llegar al lugar de Burlada, la mula se detuvo y no hubo forma humana capaz de hacerla avanzar. Concluy&oacute; el cortejo que era decisi&oacute;n de lo Alto que Santa Quiteria permaneciera para siempre en aquella villa caminera y all&iacute; se depositaron sus reliquias.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Respecto al pilar central de nuestro querido puente de Zubiri, desde entonces hasta ahora ha ejercido su funci&oacute;n sanadora de la rabia a lo largo de los siglos. Animales y humanos han curado o prevenido la enfermedad rode&aacute;ndolo, y seg&uacute;n se cuenta, no ha perdido su virtud taumat&uacute;rgica hasta el d&iacute;a de hoy.</span></p>]]></description>            <pubDate>Fri, 14 Aug 2009 23:40:05 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>La Cieguecita de Viana,</title>            <link>http://quesoyo.blogcindario.com/2009/08/00045-la-cieguecita-de-viana.html</link>            <description><![CDATA[<span style="font-size: x-small;"><span style="color: #0000ff;"><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; <img border="0" height="246" src="http://fotos.miarroba.com/fotos/4/0/40fa187c.jpg" width="453" /><br /><br /><span style="font-size: small;">Viana (Navarra)</span></strong></span></span><span style="font-size: x-small;"><span style="font-size: small;"><span style="color: #0000ff;"><strong>Leyendas del camino de Santiago</strong></span>- <br /><br />Para analizar los hechos, es preciso situarnos, como ya hemos indicado en otros relatos, en aquella &eacute;poca.<br />La bruja de Viana es una causa de un curandismo tan antiguo como la propia humanidad. En el mundo primitivo ciertos hombres y mujeres se sentir&aacute;n pose&iacute;dos de unas facultades excepcionales para el descubrimiento de la salud o recobrar la juventud por medio de &laquo;conjuros y ung&uuml;entos m&aacute;gicos&raquo;, como la piedra filosofal ser&aacute; el so&ntilde;ado tesoro creador de los alquimistas.<br />Brujo y curandero son confusas im&aacute;genes de tribus primitivas que se iden- tificar&aacute;n en cantos guerreros o invocaci&oacute;n de los esp&iacute;ritus en la defensa contra el mal.<br /><br />Pero volvamos a nuestra historia; nuestras sombras se proyectan sobre una vieja casa de ruinosos y ennegrecidos muros del solitario arrabal de la Magdalena de Viana: era la &laquo;casa de las brujas&raquo;.<br /><br />En su interior, una figura al lado del fuego permanec&iacute;a inm&oacute;vil: la cieguecita de Viana. Su rostro lleno de arrugas, eran testimonio del paso del tiempo. Sus angulosas facciones se te&ntilde;&iacute;an de distintos colores p&oacute;r los resplandores que desped&iacute;an las llamas de la peque&ntilde;a hoguera que le serv&iacute;a para calentar sus pies.<br /><br />Aquel silencio cantado por el chisporrotear del arder de la le&ntilde;a fue s&uacute;bitamente interrumpido por unos pasos.<br /><br />-&iquest;Qui&eacute;n es?, pregunt&oacute; con voz ronca.<br /><br />-&iexcl; Ah, Endregoto, no me has dado tiempo a pronunciar una palabra! Ahora ya me conoces sin decirte mi nombre, -contest&oacute; la mujer que acababa de penetrar en el aposento, acompa&ntilde;ada de un hombre de unos cuarenta a&ntilde;os y de rostro curtido, a quien sosten&iacute;a fuertemente con sus brazos.<br /><br />-Vengo acompa&ntilde;ada de mi marido... Precisamos tu ayuda. Pedro sufre unos fuertes dolores en la espalda y no se puede mover. Creo que tiene el diablo en el cuerpo.<br /><br />La bruja permaneci&oacute; en silencio. Parec&iacute;a reflexionar. De pronto se levant&oacute;; con paso seguro se dirigi&oacute; a un destartalado armario. Sin titubeo alguno ante su falta de vista, extrajo un frasco que frot&oacute; entre sus manos.<br /><br />-Mi predicci&oacute;n se cumplir&aacute;; con esta m&aacute;gica pomada vuestro marido recobrar&aacute; la salud dentro de breves d&iacute;as... Le dar&eacute; unas friegas con este aceite m&aacute;gico...<br /><br />El enfermo se estremeci&oacute; de alegr&iacute;a al escuchar estas palabras. A los pocos momentos sinti&oacute; el aceite espeso que la bruja impregnaba en su espalda, que las mujeres le hab&iacute;an dejado al descubierto; durante largo rato se someti&oacute; a un duro masaje. Esta escena se repiti&oacute; en d&iacute;as sucesivos. A los pocos d&iacute;as el labrador hab&iacute;a recuperado su perdida salud y proclamaba en sus conversaciones las milagrosas curas de la cieguecita de Viana.<br /><br /><span style="color: #0000ff;">2&ordf; parte<br /></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <img border="0" height="542" src="http://fotos.miarroba.com/fotos/8/7/87573fa2.jpg" width="376" /><br /><br /><span style="color: #0000ff;">Porton de la Iglesa de San Pedro Viana </span></span><span style="font-size: x-small;"><span style="font-size: small;"><strong><span style="color: #0000ff;"><span style="color: #0000ff;">LEYENDAS <br /></span><br /></span></strong>La &laquo;casa de las brujas&raquo; se hab&iacute;a transformado en el aposento de la curandera que con sus &laquo;filtros, ung&uuml;entos, m&aacute;gicos, conjuros e invocaciones con el diablo&raquo;, conseguir&iacute;a los m&aacute;s incre&iacute;bles milagros.<br /><br />Y sobre la ruinosa casa, comenzaron a circular muchos rumores entre las gentes del pueblo. Se dec&iacute;a que all&iacute; se celebraban extra&ntilde;as runiones, donde se desarrollaban escenas de magia y ciencias ocultas.<br /><br />Johanes, &laquo;el brujo de Bargota&raquo; -seg&uacute;n recoge Mart&iacute;nez Alegr&iacute;a- &laquo;afirm&oacute; que all&iacute; le hablaron de los prodigiosos aquelarres, de la misa que en ellos se celebraba, apariciones que en ellos ten&iacute;an lugar, y que en aquel antro escuch&oacute; con espanto un conjuro, a seguido del cual, tembl&oacute; la casa y se sintieron ruidos como de cien batallas, y parec&iacute;a que el firmamento se hund&iacute;a sobre la nocturna asamblea. Lo pronunci&oacute; con incre&iacute;ble serenidad, aunque con voz tr&eacute;mula, la cieguecita de esta manera: &laquo;Conj&uacute;rote triste Plut&oacute;n, se&ntilde;or de la profundidad infernal, emperador de la Corte da&ntilde;ada, capit&aacute;n soberbio de los condenados &aacute;ngeles, se&ntilde;or de los sulf&uacute;reos fuegos que los hirvientes &eacute;tneos montes manan, gobernador y veedor de los torme11tos... de las pecadoras &aacute;nimas... Yo, Endregoto la ciega, tu m&aacute;s conocida cli&eacute;ntula, te conjuro por la virtud y fuerza de estas bermejas letras... por la &aacute;spera ponzo&ntilde;a de las vivoras, que en este papel se contiene... por el aceite negro con que untada est&aacute;... y por el hilado de t&uacute;nica mortuoria en que aparece envuelto...que vengas sin tradanza a obedecer la m&iacute;a voluntad&raquo;.<br /><br />Diciendo &laquo;&iexcl;Vade retro! &raquo; a esta terror&iacute;fica evocaci&oacute;n, escap&oacute; Johanes prometiendo no volver m&aacute;s a aquella casa; promesa que no cumplir&iacute;a.<br /><br />El conde de Aguilar era un hombre aristocr&aacute;tico, que habitaba en la plaza de San Miguel de Viana, en una se&ntilde;orial casa que con sus her&aacute;ldicos escudos testimoniaba su antigua nobleza.<br /><br />Personalmente era agradable y sencillo, con cabellos blancos, de estatura m&aacute;s bien alta y aire distinguido.<br /><br />Si a&ntilde;adimos que a su atractivo se un&iacute;a su impecable forma de vestir, su ca&ntilde;a de madera que utiliza como bast&oacute;n y bien cuidado calzado, es preciso reconocer que goza de un bello atractivo.<br /><br />Posiblemente del recuerdo de una juventud llena de halagos y alegre vida: podr&iacute;a ser la causa de su &uacute;nico defecto: el querer conservar la eterna juventud. Para &eacute;l envejecer era morir, y ese incontenible deseo de no admitir el inexorable cambio de la edad, le conducir&iacute;a a la muerte.<br /><br />Muy supersticioso, adoraba la magia y ciencias ocultas, en su ego&iacute;sta sue&ntilde;o de que podr&iacute;an devolverle su perdida juventud. Desgraciadamente, embebido en este ut&oacute;pico pensamiento, en su camino se tropezar&iacute;a con &laquo;la cieguecita de Viana...&raquo;.<br /><br />Sumamente caritativo, a su regia casa acud&iacute;an los mendigos, y todos recib&iacute;an una limosna. Con las ayudas al pr&oacute;jimo y conversaciones con las gentes, gue se sent&iacute;an orgullosas de pisar la noble mansi&oacute;n, el conde conoc&iacute;a todo lo que pasaba en la regi&oacute;n.<br /><br />Entre las personas que imploraban su ayuda, una cieguecita le hab&iacute;a llamado la atenci&oacute;n. La miraba con una fuerza irresistible y su conversaci&oacute;n le resultaba atrayente; no se cansaba de escucharla sin interrupci&oacute;n.<br /><br />-Vuestra merced es un santo. Soy una vieja cieguecita... iS&iacute;, s&iacute;...! Me escuch&aacute;is por misericordia... iDebo darme cuenta...! Me temo no ser de vuestro agrado... Soy tan vieja... iAh, alg&uacute;n d&iacute;a os dar&eacute; una sorpresa...!<br /><br />&iquest;Qu&eacute; sorpresa pod&iacute;a producirle la vieja pordiosera? El conde no respondi&oacute; observ&aacute;ndola con aire pensativo.<br /><br />Al poco tiempo llegaban a conocimiento del conde unas extra&ntilde;as noticias: en aquella humilde cieguecita se ocultaban unos conocimientos m&aacute;gicos incre&iacute;bles. Se rumoreaba que hac&iacute;a curas milagrosas y pose&iacute;a todos los ritos de la curander&iacute;a...<br /><br />Y el conde finalizar&aacute; siendo un asiduo concurrente a la fantasmal casa de la vieja Endregoto. A la tenue luz del vel&oacute;n no la interrumpir&aacute; en su labor de hacer sus p&oacute;cimas o m&aacute;gicos ung&uuml;entos.<br /><br /><strong><span style="color: #0000ff;">3&ordf; parte<br /></span></strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <img border="0" height="508" src="http://fotos.miarroba.com/fotos/4/f/4fe61cfd.jpg" width="361" /><br /><span style="color: #0000ff;"><strong>Iglesia de Viana</strong> </span></span><p><span style="font-size: small;">Los implicados fueron conducidos a Logro&ntilde;o e ingresados en los calabozos de la Inquisici&oacute;n. Dice Mart&iacute;nez Alegr&iacute;a que &laquo;Ios carceleros reconocieron bien pronto a la cieguecita que, ya en otras dos ocasiones, hab&iacute;a ocupado aquellas celdas oscuras, y en dos &laquo;autos de fe&raquo; hab&iacute;a sido llevada entre los entunicados con un &laquo;sambenito&raquo; largo, hasta los pies&raquo;.</span></p><p><span style="font-size: small;">Practicadas las actuaciones debidas por el Tribunal de la Inquisici&oacute;n contra los encartados, entre los que tambi&eacute;n figuraba Johanes &laquo;El brujo de Bargota&raquo;, la culpabilidad de Endregoto result&oacute; concluyente, no obstante la negativa que mantuvo en todo el proceso de admitir unos hechos probados de forma plena y concluyente.</span></p><p><span style="font-size: small;">Son de inter&eacute;s las afirmaciones del mencionado comentarista Mart&iacute;nez Alegr&iacute;a, de que &laquo;en el voluminoso proceso que precedi&oacute; al &laquo;auto de fe&raquo; celebrado en Logro&ntilde;o en 1610, aparece unida una declaraci&oacute;n que copio y que literalmente dec&iacute;a:</span></p><p><span style="font-size: small;">&laquo;La cieguecita de Viana condenada al &uacute;ltimo suplicio, de orden del Santo Tribunal, en esta ciudad de Logro&ntilde;o, no fue castigada por bruja, sino por haber usado de enga&ntilde;os y venenos, haber dado espantosa muerte a un anciano venerable de la nobleza de la ciudad de Viana y porque no hubo diligencia humana, que bastase a hacerla retractar sus errores de superstici&oacute;n y nigromancia, en los cuales se obstin&oacute; con tal pertinacia, que meresci&oacute; ser declarada &laquo;hereje formal&raquo;.</span></p><p><span style="font-size: small;">&laquo;De esta verdad somos testigos cuantos vivimos agora en Logro&ntilde;o: yo o&iacute; todo el proceso, menos algunas cosas, que el p&uacute;blico pudor oblig&oacute; a pasar en claro, que a buen seguro, hubieron de ser peregrinas en atenci&oacute;n a las que de menos momento se leyeron&raquo;.</span></p><p><span style="font-size: small;">"Yo not&eacute; entonces el mucho pie de plomo conque camina el Tribunal en estos casos, pues no le movieron a la captura de esta mujer m&aacute;s de seis a&ntilde;os de declaraciones no interrumpidas. Yo not&eacute; su mucho empe&ntilde;o en salvar a esta infeliz, por las cuasi diarias conferencias, que para reducirla iban a tener con ella los hombres m&aacute;s sabios y piadosos de esta ciudad&raquo;.</span></p><p><span style="font-size: small;">"Yo supe que por m&aacute;s de dos meses estuvo trabajando para convencerla, llamado solamente para esto, el venerable Padre Fray Anselmo de Viana, sabio Guardi&aacute;n de los Frailes Menores del Monasterio de San Juli&aacute;n de Piedrola en Campezu; y que despu&eacute;s de haber apurado este var&oacute;n apost&oacute;lico toda su prodigiosa sabidur&iacute;a, extraordinaria caridad y singulares recursos, se despidi&oacute; diciendo: -&laquo;Se&ntilde;ores: yo no veo otro remedio que entregarla al brazo secular para que, seg&uacute;n las leyes civiles, sea quemada&raquo;.</span></p><p><span style="font-size: small;">"Yo o&iacute;, despu&eacute;s de la ejecuci&oacute;n, a uno de los que m&aacute;s trabajaron por salvarla, que a&uacute;n despu&eacute;s del Padre Anselmo, fueron consultados cuantos hombres ten&iacute;an y merec&iacute;an el primer cr&eacute;dito en esta ciudad, para arbitrar medios de reducirla. Yo estoy cerciorado de que se le asegur&oacute; no ser&iacute;a entregada a la Justicia secular para su castigo, si antes de salir por la puerta de la Inquisici&oacute;n, en el mismo d&iacute;a de su auto p&uacute;blico, daba se&ntilde;ales de arrepentimiento abjurando sus errores&raquo;.</span></p><p><span style="font-size: small;">Ciertamente se trataba de un hecho con sombras tr&aacute;gicas que hab&iacute;a provocado una resonancia p&uacute;blica. El veredicto del Tribunal se esperaba con expectaci&oacute;n<strong><span style="color: #0000ff;">&nbsp;<br /></span></strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <img border="0" height="286" src="http://fotos.miarroba.com/fotos/7/a/7abe8d49.jpg" width="430" /><br /><span style="color: #0000ff;">Plza d la Iglesia y Ayuntamiento</span>-<br />En el juicio el fiscal con gran elocuencia y acertada fundamentaci&oacute;n jur&iacute;dica, resalt&oacute; la monstruosidad de los actos cometidos. La pena de muerte se impon&iacute;a como ejemplar castigo: se hab&iacute;a asesinado a una persona -el conde de Aguilar- que por sus bondades hab&iacute;a conmovido el alma del pueblo. En contraste con aquellas virtudes la bruja Endregoto era un c&uacute;mulo de maldades. El retrato de la cieguecita de Viana resultaba escalofriante.</span></p><p><span style="font-size: small;">El acusador, levantado en&eacute;rgicamente el brazo hacia la acusada, y se&ntilde;al&aacute;ndola con el dedo dijo:</span></p><p><span style="font-size: small;">&laquo;Mirad ese rostro. Expresi&oacute;n y energ&iacute;a con mirada dura y penetrante que no expresa el menor signo de arrepentimiento -y a&ntilde;adi&oacute;- &iquest;y c&oacute;mo califica su incre&iacute;ble actitud en el proceso negano unos hechos cuya intervenci&oacute;n es patente?&raquo;.</span></p><p><span style="font-size: small;">Seguidamente examin&oacute; las distintas etapas del crimen y signific&oacute;:</span></p><p><span style="font-size: small;">&laquo;Que la Justicia corresponda a unos hechos probados objetivamente&raquo;.</span></p><p><span style="font-size: small;">En sus conclusiones puso de relieve las declaraciones de los deponentes en el proceso -entre las que figuraban las del brujo de Bargota- haciendo un minucioso relato de lo acaecido. Sus palabras adquirieron un tono dram&aacute;tico al calificar que para Endregoto no era admisible otra pena que la de muerte.</span></p><p><span style="font-size: small;">Un silencio impresionante reinaba en la sala cuando los inquisidores abandonaron sus asientos,</span></p><p><span style="font-size: small;">La sentencia fue condenatoria para la acusada, consider&aacute;ndose que:</span></p><p><span style="font-size: small;">&laquo;Ejerci&eacute;ndose la magia en perjuicio de tercero, el nicrom&aacute;ntico debe ser quemado vivo y, en otro caso, castigado, seg&uacute;n el prudente arbitrio de Juez... con pena de relegaci&oacute;n y hasta con el &uacute;ltimo suplicio...&raquo;.</span></p><p><span style="font-size: small;">Y as&iacute; se inici&oacute; una marcha en auto de fe desde la prisi&oacute;n al camino del humilladero. En ese recorrido la condenada precis&oacute; ser sostenida por los fuertes brazos de los alguaciles, quienes virtualmente la llevaban levantada del suelo en su ruta hacia la muerte.</span></p><p><span style="font-size: small;">Las llamas de la hoguera se dibujaban en el espacio en extra&ntilde;as espirales de malos presagios...</span></p><p><span style="font-size: small;">Escuch&oacute; la voz mon&oacute;tona de un religioso con exhortaciones a su arrepentimiento e imploraciones de perd&oacute;n a Dios.</span></p><p><span style="font-size: small;">Ahora la cieguecita sinti&oacute; estar al lado de un chisporrotear de le&ntilde;a, y un horrible calor llegaba a su cuerpo.</span></p><p><span style="font-size: small;">Aun sin visi&oacute;n -quiz&aacute; por costumbre- le fueron vendados los ojos, sujet&aacute;ndola de pies y manos. Con las ligaduras hab&iacute;a perdido todo movimiento.</span></p><p><span style="font-size: small;">De pronto sinti&oacute; que unos brazos la sujetaban- y era lanzada al vac&iacute;o... Gritos de dolor con imploraciones sal&iacute;an de sus labios, al propio tiempo que sent&iacute;a su ser pasto de las llamas:</span></p><p><span style="font-size: small;">&laquo;&iexcl;Se&ntilde;or, ten piedad de m&iacute;, seg&uacute;n tus grandes misericordias! &raquo;.</span></p><p><span style="font-size: small;">Ya no se escuchaba ruido alguno. La multitud se iba alejando. All&iacute; quedaban unas cenizas simbolizadoras del castigo de un mal. El aire se hac&iacute;a irrespirable. ..</span></p><p><span style="font-size: small;">La historia de la cieguecita de Viana es una narraci&oacute;n alucinante de dos seres sumidos en la locura. Su lectura es evocaci&oacute;n de viejos folletones de desasada literatura de unos tiempos. Sin embargo, no son personajes imaginarios; el conde de Aguilar y Endregoto tuvieron una vida real con tr&aacute;gico final.</span></p><p><span style="font-size: small;">Lo que nos pudiera ocasionar una persistente interrogante es la intervenci&oacute;n del Santo Oficio en unos hechos que no merecen otra calificaci&oacute;n que la de homicidio y que debi&oacute; ser juzgado por el Brazo-secular. &iquest;Cu&aacute;l puede ser su explicaci&oacute;n? Solamente el temor que padec&iacute;an en aquellos tiempos los tribunales ordinarios de enfrentarse con el Santo Oficio.</span></p><p><span style="font-size: small;">&nbsp;&nbsp; Los actos cometidos por la cieguecita de Viana, sus c&oacute;mplices y encubridores, fueron constitutivos de un delito de homicidio, con las circunstancias agravantes, atenuantes o eximentes que pudieran aplicarse al caso. Su calificaci&oacute;n de asesinato resultar&iacute;a dudosa, pues la aplicaci&oacute;n de alguna circunstancia, como alevos&iacute;a, precio, recompensa o promesa, veneno, premeditaci&oacute;n conocida, ensa&ntilde;amiento, aumentando deliberada e inhumanamente el dolor del ofendido, para una justa aplicaci&oacute;n, tendr&iacute;amos que olvidar si en la realizaci&oacute;n del delito no hab&iacute;a tenido influencia -incluso decisiva- esa causa de inimputabilidad que las m&aacute;s antiguas leyes, por razones humanitarias, aplicaban al &laquo;loco&raquo; o &laquo;al imb&eacute;cil&raquo;.</span></p><p><span style="font-size: small;">Un punto de coincidencia exist&iacute;a entre el arist&oacute;crata y la hechicera: la demencia.</span></p><p><span style="font-size: small;">En el primero se manifestaba en su obsesionante idea de recobrar su juventud perdida y poder revivir sus pasados tiempos de placer y diversi&oacute;n. Endregoto ten&iacute;a en su mente la firme convicci&oacute;n de que con sus conjuros, materias ponzo&ntilde;osas con las que hab&iacute;a compuesto ung&uuml;entos m&aacute;gicos, quit&aacute;ndole la vida al conde, posteriormente lo har&iacute;a revivir transformando sus sue&ntilde;os en realidades. iEra tan bueno y compasivo aquel hombre! ...</span></p><p><span style="font-size: small;">&iquest;Es que los inconcebibles hechos realizados no justifican de forma evidente &laquo;ideas&raquo; de mentes desequilibradas?</span></p><p><span style="font-size: small;">La enajenaci&oacute;n, como circunstancia de exenci&oacute;n, no puede presumirse &iacute;ntegra, ni parcialmente, pues como caso de excepci&oacute;n, requiere para su estimaci&oacute;n, prueba concreta de los hechos que la determine, o deducirse cuando menos racional y l&oacute;gicamente.</span></p><p><span style="font-size: small;">&iquest;Resulta l&oacute;gico, en mentes normales, someterse a la muerte, en la seguridad de que quien ejecuta el acto homicida le dar&aacute; una nueva vida?</span></p><p><span style="font-size: small;">En el proceso del Santo Oficio contra los causantes de la muerte del conde de Aguilar, quiz&aacute;s la responsabilidad habr&iacute;a que buscarla en quienes, de una manera directa o indirecta, intervinieron o fueron testigos presenciales de un delito, que sin aplicarle la circunstancia eximente de enajenaci&oacute;n mental, era constitutivo de un brutal asesinato.</span></p><p><span style="font-size: small;">La competencia de la Jurisdicci&oacute;n Ordinaria se patentiza en las propias actuaciones del Santo Oficio: &laquo;La cieguecita de Viana condenada al &uacute;ltimo suplicio de Orden del Santo Tribunal en esta Ciudad de Logro&ntilde;o, no fue castigada, como se indica, por bruja, sino por haber usado de enga&ntilde;os y venenos, por haber dado espantosa muerte a un anciano venerable de la nobleza de la Ciudad de Viana...&raquo;.</span></p><p><span style="font-size: small;">Era el motivo principal de la causa, la declaraci&oacute;n de &laquo;hereje formal&raquo; por el Tribunal de la Inquisici&oacute;n; secundario el acto criminoso. M&aacute;s que el hecho se castigaba la herej&iacute;a.</span></p><p><span style="font-size: small;">La bruja Endregoto quedar&aacute; dibujada perfectamente como una de las formas de magia y brujer&iacute;a propias de aquella &eacute;poca; las personas que se cre&iacute;an poseedoras de unos remedios y filtros curativos como fuerza m&aacute;gica y quienes como alucinados y dementes ciegamente cre&iacute;an que con ellos alcanzar&iacute;an su deseado fin. Solamente la locura puede ser causa y raz&oacute;n de estos ins&oacute;litos e incre&iacute;bles hechos.</span></p><p><span style="font-size: small;">&nbsp; Una vida hab&iacute;a finalizado. &iquest;De qu&eacute; le hab&iacute;an servido aquellos ung&uuml;entos m&aacute;gicos que quedaban abandonados en el suelo y destartalados armarios de una mugrienta habitaci&oacute;n?</span></p><p><span style="font-size: small;"><br /></span></p><p><span style="font-size: small;"><strong><span style="color: #0000ff;">Inquisici&oacute;n Espa&ntilde;ola<br />Biblioteca Gonzalo de Berceo<br /></span></strong></span></p><span style="font-size: small;"><br /><br /></span><br /></span></span>]]></description>            <pubDate>Fri, 14 Aug 2009 23:29:15 +0100</pubDate>        </item>    </channel></rss>