miércoles, 22 de julio de 2009


(Restos de antiguo hospital de peregrinos)
Comenzamos el camino Aragones y sus leyendas. Somport.

Uno de los tres pilares de la Cristiandad

Al poco de superada la altura del Somport (el Summus Portus romano) el caminante encuentra unos escasos vestigios en forma de sillares abandonados que dan cuenta de la existencia en ese lugar de un antiguo hospital de peregrinos, el Hospital de Santa Cristina. El Códex Calixtinus lo consideraba como "uno de los tres pilares fundados por Dios para ejercer la caridad con los pobres" junto a los hospitales de Jerusalem y de San Bernardo, en los Alpes.

Una leyenda con varias versiones da cuenta de la fundación de este establecimiento. Se cuenta que dos peregrinos franceses de alta alcurnia, cuyo nombre se ha olvidado, iniciaron su peregrinación en pleno invierno. En el alto de Somport fueron sorprendidos por una tormenta de nieve y las ventiscas , sumadas a la amenaza de los lobos que los perseguían, les hicieron temer por sus vidas y se encomendaron a la Santísima Virgen para que los salvara. En ese momento pudieron distinguir unas luces que señalaban un punto y al llegar hallaron una cueva, según otras versiones una cabaña, en la que pudieron guarecerse. Al día siguiente la tormenta había cesado y los lobos habían huido. En acción de gracias, los peregrinos prometieron fundar en este lugar un hospital para peregrinos y entonces apareció una paloma con una cruz dorada en el pico que abandonó la cruz en un lugar específico. Los peregrinos entendieron entonces que la Virgen había adoptado la forma de paloma y les había señalado el lugar donde el hospital debía ser levantado. La paloma con la cruz en el pico sería desde entonces el escudo del hospital y ese motivo se encuentra también tallado en la iglesia de Santiago de Jaca.

Otra versión más sencilla cuenta que dos caballeros, conmovidos por la cantidad de peregrinos muertos en la zona, decidieron fundar un hospital. Una mañana encontraron una paloma que, posada en un arbusto de boj, sostenía una cruz de oro en el pico. Al levantar el vuelo, abandonó la cruz junto al arbusto y allí se levantó la capilla del hospital.



Dos caballeros franceses cuyo nombre ya se ha olvidado, si bien se recuerda su alta alcurnia, decidieron emprender el Camino de Santiago en pleno invierno, precisamente la época en que todos los peregrinos rehuían arriesgarse a seguir la Ruta, tanto por las condiciones meteorológicas adversas como, sobre todo, por los graves peligros que entrañaba el paso a pie de los puertos pirenaicos. Sin embargo, para los dos caballeros el reto invernal formaba parte de la misma devoción que los guiaba. Y el enorme sacrificio que suponía, era para ellos una prueba más que querían afrontar en honor del Apóstol al que habían prometido visitar.

Así alcanzaron a duras penas el puerto de Somport, azotado por una terrible ventisca que los obligaba a caminar con nieve hasta la cintura. Apenas sobrepasada la cumbre, se dieron cuenta de que las fuerzas comenzaban a fallarles y que no podrían resistir el descenso, totalmente solitario y sin posibilidad de encontrar refugio alguno. De pronto, misteriosamente, atisbaron una luz a poco trecho y al acercarse, en el límite de su resistencia, distinguieron una cabaña iluminada. La cabaña estaba desierta, pero tenía el fuego encendido en el hogar y la tosca mesa se encontraba bien provista de alimentos y bebidas, de modo que saciaron su hambre y calentaron sus cuerpos. Convencidos de que había sido un milagro, los dos caballeros se encomendaron al Apóstol y, devotos como eran de Santa Cristina, prometieron la construcción allí mismo de un refugio para peregrinos que llevaría el nombre de la santa constructora. Apenas habían formulado su voto, surgió un pajarillo llevando en el pico una cruz de oro, con la que fue marcando con pasmosa precisión los limites exactos del contorno del que, en poco tiempo, se habría de convertir en el primer hospital de peregrinos de aquel paraje por donde se iniciaba el Camino Jacobeo Aragonés.


LA LEYENDA DE SANTA OSORIA

Jaca-la Ciudadela, fortaleza pentagonal

LA LEYENDA DE SANTA OSORIA
Osoria era una princesa procedente de Aquitania que llegó a aquellas montañas acompañada de un numeroso séquito camino de Toledo, donde estaba destinada a casarse con un príncipe godo. Su largo viaje coincidió con la invasión agarena, de al que ni siquiera tuvieron noticias al emprender su andadura. Así, la comitiva principesca, al pasar por los montes cercanos a la localidad de Yebra, tuvo la desgracia de tropezarse con una numerosa partida de musulmanes que los hizo prisioneros.

Aben Lupo, cabecilla de aquella partida se sintió enamorado de la princesa cristiana y la requirió de amores pero fue rechazado una y otra vez por Orosia, que sentía sobre todo la incompatibilidad de su Fe con las creencias de aquel moro que pretendía convertirla al islamismo y casarse con ella según su religión. El enamorado caudillo echó mano de todos sus trucos para convencerla y ante sus firmes negativas, no encontró otra solución que intentar convencerla recurriendo al miedo. Así, en presencia de la virtuosa princesa, hizo degollar a su propio tío y a su hermano, que la acompañaban. Con ello no logró otra cosa que afirmarla en sus convicciones y, finalmente, desesperado por el mismo horror que había despertado en su amada, la hizo también decapitar con todos los demás miembros de su comitiva y arrojó sus cuerpos a una sima cercana.

Pasó el tiempo y la poca gente que tuvo noticias de aquella matanza buscó primero los restos y luego olvidó el suceso. Pero un buen día, mientras conducía su rebaño, un pastorcillo de Yebra distinguió luces que salían de una covacha y, al acercarse, sintió que de ella salía un aroma indefinible. Cuando se asomó, encontró los restos de los mártires y, entre ellos, el cuerpo decapitado e incorrupto de la princesa Orosia. La noticia corrió por toda la comarca y, muy pronto, el cabildo de la catedral de Jaca reclamó la reliquia de la princesa, que inmediatamente después de ser encontrada fue proclamada Santa y comenzó a hacer prodigiosos milagros. El pueblo de Yebra, en cuyo término había tenido lugar el hallazgo, reclamó por su parte el derecho a conservar a su santa y sólo largas conversaciones con la autoridad religiosa abocaron en una solución: Yebra conservaría la cabeza de la princesa mártir, pero el cuerpo sería trasladado a la catedral jacetana, donde habría de recibir culto apropiado para que su santidad fuera conocida de mayor número de fieles. Y así se hizo.


Tags: el camino Aragones

Publicado por Desconocido @ 3:05
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios